Sueños que inspiran: Del Benceno al salto en pértiga

Los sueños inspiran, ¿A que sí?

Uno de los sueños más famosos de la historia de la ciencia es el que tuvo el químico orgánico Friedrich August Kekulé, con el que resolvió la estructura Benceno en 1865.

El benceno lo descubrió Michael Faraday en 1825 cuando los propietarios de una fábrica de gas para el alumbrado le pidieron que averiguara por qué, durante el frío invierno, el gas no era capaz de producir llama. Faraday comprobó que con el frío el gas se condensaba en el fondo de las bombonas en forma de líquido transparente con olor dulce. Así descubrió un nuevo hidrocarburo aromático: El benceno.

Durante años, la estructura molecular del Benceno quitó el sueño a muchos científicos, cuyas propuestas no encajaban con los experimentos. Faltaban más de 50 años para que se utilizaran los Rayos X para ver la estructura de los materiales, trabajaban a ciegas.

Dicen que una tarde en Gante, Kekulé, sentado en su estudio a oscuras, frente a la chimenea, seguía pensando en la enigmática estructura del benceno.

Se durmió y vio a los átomos bailando ente sus ojos, largas filas de átomos circulando como serpientes. De pronto vio cómo una de aquellas serpientes se mordía su propia cola, como en el famoso símbolo de la alquimia conocido como ouroboros (la serpiente circular) resolviendo así, en su sueño, el misterio de la estructura del anillo del benceno.

Fuente: Wikimedia Commons/ DMGualtieri   

El campo de la Química Orgánica se desarrolló de forma explosiva a partir de este punto.

Actualmente, el principal uso del Benceno es como constituyente de combustibles para motores por sus propiedades: Aumenta el octanaje, es antidetonante y evita los golpes del motor.

De la descomposición térmica del Benceno obtenemos fibra de carbono. Debido a su elevada resistencia mecánica y su ligereza, las fibras de carbono se han convertido en un material clave en la fabricación de, pértigas de salto atletismo, carrocerías de coches y motos, cascos de barcos deportivos y cuadros de bicicleta.

Esto revolucionó drásticamente el salto con pértiga.

Las pértigas de salto de atletismo se habían fabricado con madera, metal, y posteriormente bambú. Este material tenía una flexibilidad nunca antes vista, pero la revolución llegó con la fibra de carbono. Se construyeron pértigas mucho más ligeras, resistentes y se incorporó la fibra de vidrio en la parte central para incrementar su flexibilidad.

Los resultados han mejorado un 86% desde 1918 gracias a la mejora de los materiales y las técnicas de salto. Récord tras récord se han cumplido los sueños de muchos atletas, influidos porque una tarde, un químico soñó con la estructura del Benceno.

Como dijo Kekulé durante el homenaje a la revolución que supuso su trabajo:

 “Soñemos, señores, así quizás encontremos la verdad.”

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